Cuando arranqué en este mundo de emprender y de las velas, tenía muy en claro una sola cosa: crear velas con intención. Algo distinto. Algo nuevo. Algo maravilloso. Pero sobre todo, algo que naciera de mí. De mi esencia, de mi alma, de mi creatividad. Con el tiempo, por momentos eso aparecía… y por otros, se apagaba. Se perdía.
Muchas veces, cuando empezamos algo nuevo, cometemos un error muy común: mirar demasiado hacia afuera. Escuchar opiniones, consejos, caminos que no siempre están hechos para nosotros. Y no, eso no es algo malo… pero sí puede alejarnos.
Eso fue lo que me pasó. No sé en qué momento. No sé cómo ni cuándo. Pero la magia con la que había nacido NUMA… se apagó. Se escondió. Dejó de tener sentido.
Y el caos fue inevitable.
Si hay algo que aprendí en este tiempo, es que todo lo que no es real, todo lo que no es tuyo, todo lo que está forzado… se cae.
Siempre.
La vida, Dios, el universo —o como quieras llamarlo— te va a dar lo que necesitás. Aunque no lo entiendas en el momento. Y a veces, eso incluye el caos. Que todo se rompa. Que lo que no era para vos, se vaya. No importa cómo… pero se va. Me tomó meses volver a mí. Reconocer lo que me estaba pasando. Aceptar que eso no era lo que yo quería. Ni para mí, ni para este emprendimiento que había creado con tanto amor, ilusión e intención. Me tomó meses dejar de escuchar el ruido. Dejar de exigirme resultados. Dejar de frustrarme por lo que no salía. Hasta que tomé una decisión.
Volver a mí. Otra vez.
Elegirme. Otra vez.
Seguir mi intuición. Mi corazón. Mis ganas reales de construir algo con sentido.
¿La consecuencia? Un exterior que no siempre entiende. Que juzga. Que opina sin saber. Pero hay algo que entendí: Quien no estuvo en tus zapatos, no sabe lo que implica. Y quien no vive la vida que vos deseás… difícilmente pueda guiarte hacia ella. Hay una frase que escuché toda mi vida, pero recién ahora entendí de verdad: No tomes consejos de alguien que no tiene la vida que querés.
Y sí… incomoda. Porque nos enseñaron a escuchar siempre hacia afuera. A confiar en la experiencia de otros. Pero… ¿y si esa experiencia no es el camino que querés para vos? Empecé a observar más. A quién escuchaba. Cómo hablaban. Desde qué lugar. Incluso a ver su vida. Y esto no fue para juzgar, simplemente observe. Porque no todo el que aconseja, sabe. Y no todo el que habla, quiere ayudarte. A veces solo repiten. Y mientras tanto, dentro tuyo hay algo que quiere salir. Una llama que quiere encenderse. Y no es fácil. Elegirte duele. Tomar decisiones duele. Ir en contra de lo esperado… duele. A veces implica soltar vínculos, momentos, versiones de tu vida. Pero es el precio de la libertad. De ser quien realmente querés ser.
Hoy, NUMA vuelve a nacer. Pero no desde lo perfecto. Desde lo real. Y con eso… también nazco yo. Una nueva Flor. Más conectada. Más fiel a sí misma. ¿Va a funcionar? No lo sé. Y por primera vez… eso está bien. Porque ya tomé la decisión. Y di el primer paso.
Hay algo que siempre soñé: crear una comunidad. Un espacio donde podamos crecer, sin límites. Donde podamos transformarnos. Donde podamos volver a empezar las veces que haga falta. Y este blog… es eso. Es mi forma de abrirte la puerta. De mostrarte el proceso. Lo lindo y lo incómodo. Las caídas y los renacimientos.
NUMA no es solo velas. Es fuego. Es transformación. Es volver a encenderte. Y si llegaste hasta acá… quizás no sea casualidad. Quizás también sea tu momento.
Nos vemos el próximo lunes.
Con amor,